- No quiero que sufras. Me dijo. -Pareciera como si me hubiera muerto, pero no será verdad. Hay mucha distancia como para llevar conmigo mi cuerpo, comprendes? 
Esta parte de mi ser será como una vieja concha abandonada, y las viejas conchas abandonadas no inspiran tristeza verdad?-


Llegamos al avión, y solo pude recostar su pequeño y débil cuerpo sobre la Arena.
- Mi estrella es tan pequeña que no puedo indicarte donde esta. Me dijo mirando al cielo. - Ahora volveré allí, pero antes quiero darte algo...
-Solo quiero volver a oír tu risa.
- Me oirás reir como no me has oído nunca, porque reiré desde una de esas estrellas, aunque tu no sabrás desde cual. Para ti será como si rieran todas las estrellas. Como si colgara una campana de cada una de las estrellas; así oirás mi risa.

Con mucho dolor, subí su pequeño cuerpo al avión, y le di un último abrazo; y es cuando supe que el ya se había ido.


El pincipito.

¡Es difícil guardar un secreto! A Anita no le gusta mentir, pero se da cuenta de que no puede decir la verdad. Aunque arde en deseos de contarlo todo sobre su vida, sabe que tiene que callarse. Son órdenes. Quizás por eso no ha disfrutado del viaje, porque el obligado silencio la ha aislado de los demás. Y aunque hubiera podido hablar... ¿Cómo decir la verdad? ¿Cómo contar que va a la India a casarse con un rey? A sus diecisiete años va a ser la reina de un país que ni siquiera conoce... No, eso no se puede contar así, al primero que pregunte: la historia es tan inverosímil que más vale callarla. Es tan increíble que ni ella misma consigue creérsela. A veces piensa que está viviendo un sueño. En tres años su vida ha cambiado tanto que parece una ficción. Ha pasado de jugar con muñecas a casarse con un rajá indio en la alcaldía del barrio de St. Germain de París. El hecho de mirarse los dedos finos con muchas sortijas le ayuda a creérselo.

PASIÓN INDIA de JAVIER MORO