- No quiero que sufras. Me dijo. -Pareciera como si me hubiera muerto, pero no será verdad. Hay mucha distancia como para llevar conmigo mi cuerpo, comprendes?
Esta parte de mi ser será como una vieja concha abandonada, y las viejas conchas abandonadas no inspiran tristeza verdad?-
Llegamos al avión, y solo pude recostar su pequeño y débil cuerpo sobre la Arena.
- Mi estrella es tan pequeña que no puedo indicarte donde esta. Me dijo mirando al cielo. - Ahora volveré allí, pero antes quiero darte algo...
-Solo quiero volver a oír tu risa.
- Me oirás reir como no me has oído nunca, porque reiré desde una de esas estrellas, aunque tu no sabrás desde cual. Para ti será como si rieran todas las estrellas. Como si colgara una campana de cada una de las estrellas; así oirás mi risa.
Con mucho dolor, subí su pequeño cuerpo al avión, y le di un último abrazo; y es cuando supe que el ya se había ido.
El pincipito.

